miércoles, 17 de marzo de 2010

San Valentín = Consumismo

Hago esta crítica hacia la emblemática fecha de San Valentín, muestro un corazón en la típica bandeja de carne de supermercado como oferta del día, en la que sin más excusa que la de regalar, las masas se agolpan en los cajeros con regalos absurdos e innecesarios por demostrar a aquel al que quieren que... ¿lo quieren más por regalarles algo?
En definitiva, la sociedad dominante es evidentemente consumista. Da centralidad al consumo privado, sin auto-límite, como objetivo de la propia vida de las personas. Consume no sólo lo necesario, lo que es justificable, sino lo superfluo, lo que es cuestionable.


Como se trata de lo superfluo, se recurre a mecanismos de propaganda, de marketing y de persuasión para inducir a las personas a consumir y a hacerlas creer que lo superfluo es necesario y que es una fuente secreta de felicidad.Lo fundamental para este tipo de marketing es crear hábitos en los consumidores hasta que se cree en ellos una cultura consumista y una necesidad imperiosa de consumir. Se suscitan más y más necesidades artificiales y en función de ellas se monta el engranaje de la producción y de la distribución. Las necesidades son ilimitadas, por estar ancladas en el deseo que, por naturaleza, es ilimitado. Por esta razón, la producción tiende a ser también ilimitada. Surge entonces una sociedad, ya denunciada por Marx, marcada por fetiches, abarrotada de bienes superfluos.